Prensa

Entrevista para Diario ADN Medellín, Colombia. leer más
4 de marzo/ 2011

Diario El Colombiano, Medellín, Colombia.

Entreviata en KILTRFA arte meztizaje
por Gabriel Cunich Ansaldi
domingo 12 de junio / 2011

CONSTANZA PIÑA

Artista visual e Intérprete en danza contemporánea.
Licenciada en Artes, Universidad de Playa Ancha, Valparaíso. Realiza estudios independientes y un diplomado en Danza Contemporánea en Escenalborde junto a laUniversidad de Valparaíso. Cursa la Especialización en Video y Tecnologías Digitales Online/Offline en la Escuela superior de diseño esdi (MeCAd/Media Center d‘Art i disseny, españa) y cursa el Magíster en Artes Mediales en la Universidad de Chile.
Su trabajo e investigaciones se sitúan en el cruce entre danza, performance, artes visuales, video y el uso de tecnologías análogas y digitales.

Cuéntanos un poco de que se trata el proyecto de Chimbalab

C.P: Chimbalab es un laboratorio de arte y tecnología que se creó a finales del año 2008, organizado por Claudia González y yo, Constanza Piña, consiste en la idea de hacer un media lab, pero latinoamericano, ocupando tecnología latinoamericana, entonces el proyecto se llama “Chimbalab proyecto laboratorio arte y tecnología”, nace con esa idea porque primeramente utilizábamos un lugar que era una casa que quedaba en Independencia que era donde nosotros vivíamos, la cual habilitamos para nuestro taller-laboratorio donde trabajábamos y decidimos abrirlo y generar instancias en las que se invitara gente que estuviera trabajando en un tema en relación al arte y tecnología y hacer encuentros colaborativos en los que no hubiera a lo mejor un profesor que supiera más, sino que todos sabíamos un poco y pudiésemos entre todos generar conocimiento en conjunto. Así partimos en este lugar que quedaba en Independencia, cerca de La Vega y la idea era crear un laboratorio tecnológico, pero no pensando en el modelo europeo como alta tecnología sino pensando en lo que acá había y con lo que acá se podía trabajar, entonces para nosotros el entorno donde el laboratorio estaba ubicado fue súper determinante, de ahí viene el nombre chimbalab porque antiguamente ese sector se llamaba La Chimba y también nosotros observábamos  las situaciones que acontecían en el entorno como la tecnología de barrio, el comercio local, pensando en la tecnología como un concepto amplio, un conocimiento técnico que un individuo genera como método de subsistencia, entonces eso nos hacía sentido en cuanto a lo tecnológico del laboratorio y también pensándolo desde el arte.

Y tomando estos elementos de tecnologías locales o latinoamericanas, ¿cuál es el fruto del uso de estas tecnologías en la práctica?

C.P: Es utilizar tecnologías que ya existen y manipularlas “hackearlas” y transformarlas en otra cosa, ocupamos harto material reciclado o reutilizado para los proyectos, o sea nuestros proyectos en general no implican un alto costo en materiales, no ocupamos high tech, nos dedicamos más al low tech. Bueno y nosotros pensamos así en lo tecnológico en cuanto a una instancia en que tu desarrollas un conocimiento técnico en base a observaciones y tomas como material lo que tú tienes en tu entorno cercano, notros decimos como “tecnología casera”, también apelando a un concepto que se llama ingeniería en reversa o inversa que tiene que ver con el ir hacia atrás o deconstruir un artefacto que ya está para generar otro o para generar aprendizaje técnico sobre ese objeto, cómo se construyó, cómo está compuesto, ahí el enfoque del laboratorio se centró en las artes electrónicas como circuitos electrónicos aplicados a proyectos de arte, ese fue el eje que todavía mantenemos, se perfiló así naturalmente porque empezamos a desarrollar investigación en base a eso y nos dimos cuenta que podíamos ahondar mucho respecto al tema y a la vez conocimos mucha gente más en Latinoamérica que estaba desarrollando investigación en ese tema también paralelamente, entonces nosotros generamos una red que se llama Sudamérica Experimental y estamos en contacto con otros laboratorios muy parecidos a Chimbalab en Argentina, Brasil, Colombia, entonces hacemos instancias de intercambio, por ejemplo en Laboratorio del Juguete de Jorge Crowe en Buenos Aires publica actividades y las postea en la página web de Sudamérica Experimental, nosotros también lo que hacemos en Chimbalab; si alguno desarrolla algún proyecto acá en Chile, lo publica. La idea es que lo que tú desarrollas lo registres de una manera tal que otro lo pueda desarrollar y te puedan preguntar si tienen dudas a través del sitio web, así trabajamos en red y los proyectos van creciendo.

¿Cuál crees tú que es la importancia para la realidad latinoamericana la creación de estas instancias de trabajo en redes internacionales?

C.P: Es súper importante porque para nosotros, con Claudia, cuando partimos con este proyecto no había ninguna instancia académica que nos permitiera tener un acercamiento a lo que nosotros queríamos conocer, entonces fue bueno “no hay, hagámoslo nosotros, hagamos como un catastro de quiénes son los que están trabajando”, pero solamente mediante una convocatoria web, en la que se invitó abiertamente a artistas, diseñadores, arquitectos y llegaba la gente que tenía interés en el tema. Así mismo se fue expandiendo fuera de Santiago y hacia Latinoamérica, entonces para nosotros es súper importante porque la red va creciendo tomando las particularidades locales y combinándose con las otras particularidades locales de otros países dentro de Latinoamérica y nos vamos dando cuenta que las temáticas son más o menos similares, entonces se genera aparte de un intercambio de conocimientos específicos del área que estamos relacionadas, se genera algo rico culturalmente también, por ejemplo yo estuve haciendo unos talleres en Colombia y habíamos hecho acá un proyecto con Claudia que tenía que ver con sacar energía de las papas como fuente de alimentación para nuestros dispositivos, entonces cuando fui a Colombia, resulta que las papas son muy caras y ellos me decían “bueno probemos con las verduras que tenemos acá” y terminamos probando con tomates y yo aprendí que también podía replicar el proyecto con otras materialidades más cercanas al entorno donde se realizan las cosas. Y así cada proyecto utiliza quizás una tecnología similar pero es importante para nosotros que más allá que nosotros enseñemos a hacer un dispositivo o lo construyamos nosotras como proyecto de obra es el uso que tú le das, desde el área que tú vienes, desde el país que tú vienes, o sea es la personalización del artefacto lo que más nos interesa, en ese sentido la identidad del objeto se lo da la persona, si la persona viene de otro lado, con otra cultura va a ser mucho más rico lo que se pueda generar con eso.

Y cómo ves el lugar que tienen estos artefactos en los circuitos de arte, ¿dónde se pueden mostrar o mover estas obras?

C.P: circuitos yo creo que nosotros los estamos generando, están apareciendo cosas. Cuando nosotros partimos con el laboratorio no teníamos referencia en Chile de espacios de circulación, conocíamos de algunas instancias bien puntuales que se estaban haciendo, y ahora hay muchas más, pero sigue siendo bien cercano a nuestro círculo. De la primera actividad que hicimos como Chimbalab, que fue el “Encuentro de circuitos electrónicos aplicados a proyectos de arte” conocimos a varias personas y sus proyectos, entonces la circulación de estos proyectos en más bien independiente, no conozco por ejemplo una galería específica en esto, se están haciendo ahora instancias como festivales de arte sonoro que ahí dan cabida a esto como parte de otras cosas también y siempre las instancias que nosotros ocupamos para difundir nuestro trabajo son súper independientes y también nos gusta trabajar así, pero igualmente para instancias educativas a mi me gustaría que sí se abrieran espacios a nivel más institucional como por ejemplo que esto se pudiera enseñar en colegios, se pudiera incluir en mallas curriculares porque yo siento que los chicos ya son nativos tecnológicos entonces cuando yo he hecho talleres para niños me doy cuenta que full rápido aprenden, están súper interesados y sin embargo en muchos colegios en la clase de tecnología les enseñan otras cosas y está bueno que se haga el cruce también, que se sigan aplicando las tecnologías que ya se enseñan, pero que también se empiecen aplicar nuevas.

Diario La Nación
Viernes 27 de mayo de 2011

Hackeo de ropa: cómo agregar sonido y luces a las “pilchas” favoritas
Felipe Castro / @facastron

La artista Constanza Piña ideó un taller-laboratorio experimental para aprender a enchular las prendas de vestir con dispositivos electrónicos.

Constanza Piña muestra un bolso negro del tipo “banano”. Presiona un switch y el accesorio, salvado hace unas semanas de terminar en el basurero, cobra vida propia gracias a las luces usurpadas de un juguete chino que costó menos de luca en Meiggs.

Una muestra del concepto “wearable” que esta artista visual explota y enseña a utilizar en el “Laboratorio de hackeo de ropa y accesorios”, que por estos días comienza a impartir para el público curioso por la mezcla entre moda, diseño, arte y electrónica.

“La idea es incorporarle un concepto a la prenda, relacionándola con el medio urbano, para que adquiera una identidad. Todo esto vinculado a lo que llaman fashion technology, que es la manera en que la tecnología interviene en la ropa”, explica Constanza, quien en esta práctica une su interés por el diseño de vestuario y su especialización en artes electrónicas.

Según la artista, no hay nada nuevo detrás del diseño de accesorios tecnológicos y dispositivos electrónicos de manera que sean adaptables al cuerpo humano. Basta mirar un reloj o unos audífonos para celular para comprender lo incorporado que está este tipo de diseños a nuestras vidas. Sin embargo, la gracia de la propuesta de Piña está en el hecho de que “al tratarse de un trabajo artesanal, las prendas cobran un valor agregado y se convierten, justamente, en pequeños objetos de arte”.

CORTE, CONFECCIÓN Y CIRCUITOS

Artista Visual de formación, Constanza Piña comenzó a incursionar en las artes electrónicas como miembro del colectivo “Chimbalab”, junto a su colega Claudia González. Desde esta instancia comenzó el desarrollo y la experimentación con dispositivos electrónicos para proyectos artísticos que incluían arte sonoro y desarrollo de Hardware libre.

Esta experiencia se cruzó con otra afición personal de Constanza que es el diseño y confección de prendas de vestir. “Siempre he utilizado la máquina de coser como herramienta de trabajo. Una buena fuente de material para la investigación son las revistas antiguas como la Eva, que incluye diseños para recortar, con un discurso muy potente del rol de la mujer en aquellos años”, cuenta Piña.

Con ese background por parte de la artista, los asistentes al taller aprenderán nociones básicas de electrónica, desde cómo armar circuitos de sonido, hasta cómo utilizar un oscilador de alta frecuencia o una luz “led”. Además, Constanza entregará información confidencial sobre sus “picadas” para encontrar productos reciclables que al ojo de los no entendidos serían, probablemente, basura.

“Las ferias son un buen lugar para encontrar la ropa que se va a intervenir. Los circuitos, por otro lado, se pueden obtener de juguetes viejos o de los juguetes chinos de la calle Meiggs, que son todos electrónicos y cuestan muy baratos”.

ACÁ se pueden ver algunos productos elaborados por Constanza, entre los que se encuentran bolsos, carteras, orejeras, chaquetas y juguetes, algunos de los cuales están a la venta.

El Pez eléctrico
Entrevistas, textos y videos originales sobre arte, cultura y tecnología.
por Victoria Messi
Abril de 2010

Desde Santiago de Chile Constanza Piña y Claudia González llevan adelante Chimbalab (www.chimbalab.cl), un proyecto-laboratorio dedicado a la experimentación artística y tecnológica.  La propuesta surgió como respuesta a un problema puntual. Tanto Constanza como Claudia son artistas que para llevar adelante su obra querían investigar distintos tipos de procesos y componentes tecnológicas. Una estaba terminando una Licenciatura en Artes Visuales y la otra una Maestría en Arte Medial, pero no encontraban dónde aprender lo que necesitaban para complementar su formación. Enfrentadas al desafío de adquirir por su cuenta nuevas competencias en áreas que no les eran familiares, pensaron en socializar el proceso de aprendizaje e investigación, abriendo su propio taller a otras personas interesadas en los mismos temas que ellas para construir conocimiento entre varios.

Así surgió la primera actividad de Chimbalab, un encuentro/taller de tres días sobre circuitos electrónicos. La idea era traer alguien que conociera bien el tema e invitar a otra gente que estuviera desarrollando proyectos con circuitos para que contaran lo que sabían, lo que necesitaban aprender y mostraran sus avances. Hicieron un primer mailing, y al día siguiente recibieron más de cincuenta consultas por correo. Recién entonces cayeron en cuenta de la dimensión que podía adquirir la iniciativa, era evidente que había mucha gente con las mismas inquietudes que ella,s en busca de un lugar de encuentro y experimentación.

Desde entonces, principios de 2009, han organizado numerosos talleres y eventos, gratuitos y abiertos a la comunidad, sin que Chimbalab reciba financiamiento alguno. El proyecto es completamente autogestionado, a puro pulmón, y con mucho amor. En poco más de un año se convirtió en un nodo que conecta individuos y redes de personas diversas, y en un punto de referencia obligado en el panorama del arte medial en Chile.

El eje del trabajo son los circuitos, el hackeo de aparatos, el reciclaje tecnológico. ¿Por qué trabajar con baja tecnología? Porque es lo que tienen a la mano, a lo que tenían acceso, lo que saben que los participantes de los talleres van a poder conseguir fácilmente y porque esa elección de tecnología guarda coherencia con el contexto en el que se emplaza el proyecto-laboratorio.

El espacio de Chimbalab, se ubicó en el sector de Independencia, antiguamente llamado La Chimba. Esta zona de Santiago, está completamente fuera del circuito de galerías, museos, centros culturales y universidades. Es una zona vieja de la Capital, con casas de muchos años, construcciones precarias y venidas a menos. Poblada mayoritariamente por inmigrantes de origen peruano con bajo poder adquisitivo, donde los aparatos se reparan y se transforman pero no se tiran. Premisa que Chimbalab recoge como un mandato.

En Chile, como en Perú y muchos otros sitios de América Latina, la producción y la gestión de espacios en los que convergen arte y tecnología es cosa de hombres. Es llamativo, no sólo que este proyecto esté en manos de dos mujeres jóvenes, sino que además, se ubique en una zona que durante tanto tiempo llevó nombre de mujer.

Lamentablemente, por las características de las construcciones de esa zona, en Marzo pasado el terremoto que azotó Chile, dejo inutilizable la casa en la que operaba Chimbalab. Claudia y Constanza están ahora intentando desarrollar el proyecto de forma nómade, mientras intentan recaudar los fondos para volver a montar un espacio propio. Han recibido apoyo de otros artistas, gestores y personas del medio que reconocen el valor de su iniciativa, su voluntad de trabajo, su generosidad y las dificultades que implica la tarea que tienen por delante.

Tiempo de Balas  06/15/2011 02:57

Sólo un paso: Del desecho electrónico al arte

Publicado por Victoria

Hackearon Ataris para dibujar corazones de ocho bits y publicitaron a vendedores de la Vega ilegalmente en la radio gracias a su emisora a base de papas. Ellas son Chimbalab, un colectivo de arte que en vez de óleos usa máquinas. Dos mujeres que rescatan tecnología dada de baja para desarrollar nuevos inventos.

Constanza Piña y Claudia González conforman Chimbalab, Proyecto-Laboratorio de Arte y Tecnología. Se conocieronmientras estudiaban licenciatura en Arte, y comenzaron a trabajar juntas cuando descubrieron que tenían intereses en común: el arte y la tecnología.

Entonces hicieron un magíster en Arte y Tecnología en la Universidad de Chile y terminaron conviviendo en una casa ubicada en Independencia, en el sector de la Vega Central, que tradicionalmente era conocido como “la Chimba”. En esta casa empezaron el 2009 a realizar talleres para aprender, investigar y compartir experiencias.

Gentileza Chimbalab.

Sin embargo, más temprano que tarde estos talleres se convirtieron en espacios para enseñar a otros los descubrimientos que ellas habían hecho. En ellos el uso de objetos electrónicos reciclados era una base de trabajo constante.

A pesar de haber perdido la casa en el terremoto del 27F, hoy algunos de sus cursos y workshops llegan a sumar unos cien participantes. Además de estos espacios de creación colectiva, las Chimbalab hacen performances, instalaciones y exposiciones en diversos espacios, incluyendo el Museo Nacional de Bellas Artes.

-¿Cómo se cruzan arte y tecnología?
-Claudia: La primera actividad como Chimbalab fue un workshop para conocer gente que estuviera trabajando en esto, compartir experiencias y conocimientos, crear nuevas ideas. Ahí invitamos a personas que tuvieran proyectos vinculados a la electrónica pero desde un punto de vista no funcional. El fin no era desarrollar cosas para empresas sino hacer cosas más así como giro sin tornillo, un uso no convencional de la tecnología. Siempre nos interesó la parte física, más analógica, y estamos siempre mirando estas prácticas desde el lado del arte. Y aparte desde las artes visuales, porque nos interesa desde el color del cable que voy a usar hasta cómo va a sonar (si es que suena) o cómo va a comportarse ese artefacto. No es ingeniería dura ni arte electrónica, es una combinación.

-Constanza: Los proyectos están pensados desde el arte, a partir de una reflexión general del uso.

-¿Cómo se relacionan con los conceptos de recate, recuperación, memoria? ¿Cómo integran el reciclaje tecnológico en sus trabajos?
-Claudia: Lo usamos como material. En vez de comprar los componentes para hacer cosas nuevas, reutilizamos artefactos que uno puede encontrar en las ferias o en la casa, o sacar provecho de lo que traen adentro.

-Constanza: Hay partes que yo digo “Pucha, si la compro me sale caro o la tengo que importar”. Pero investigo y encuentro que hay unos micrófonos que vienen en un juguete chino, o hay ciertos sensores que los vi en un juguete que cuando lo movía se prendían. Entonces lo saco y hago lo que yo quiera con eso.

Gentileza Chimbalab.

-Claudia: Lo que nosotras hacemos tiene que ver con el Do It Yourself, con lo que tu puedes hacer en tu casa con medios cercanos, con lo que tengas a mano, que puedas comprar, conseguir, etc.

-Constanza: En los talleres planteamos la idea de reciclaje electrónico porque, tampoco es una idea de “salvemos el planeta”, pero sí es como “si yo abro esto a lo mejor encuentro cosas que no voy a encontrar en el mercado o puedo empoderarme de él y puedo hacer este objeto mío. Porque si no, estoy siendo parte de una máquina que ni siquiera estoy cuestionando. Uno compra cosas y no tiene idea de qué hay detrás. Por ahí viene también la idea de destruir para construir.

-¿De qué se trató Proyecto Emisora?
-Claudia: Fue el final de tres trabajos que salieron de uno que no se hizo. Hicimos un proyecto pero no lo ganamos y no obtuvimos el financiamiento. Así que a partir de esa idea armamos un taller, luego una instalación en la SCD y una performance en Valparaíso. Harto después hicimos el Proyecto Emisora, que asimilaba más el proyecto original que no pudimos financiar y a la vez venía de la misma idea base, que era relacionar la interfaz con los lugares, hacer una analogía entre un circuito electrónico y la ciudad.

-Constanza: Era un carro de feria que estaba lleno de papas, con un circuito conectado a un micrófono y que era un radiotransmisor de onda corta. Este carro lo paseamos por la Vega e interactuó con la gente, que podía transmitir lo que quisiera, por ejemplo anunciar que estaban vendiendo jugo de naranja. Y al mismo tiempo podían sintonizar el dial FM que captó la señal y escuchar lo que se transmitía desde el carro. Era una radio ambulante que no necesitaba enchufe porque se alimentaba de la energía de las papas.

Era como una radio pirata. La idea era que se mimetizara con el entorno, que usara la tecnología del entorno. Yo después la miraba y decía “Oh, si es como que fuera de camuflaje”. Pasaba piola con el carro de papas, porque es ilegal usar una emisión de radio FM.

-Claudia: El registro de esta performance y el mismo carro se exhibió en agosto del año pasado en el Museo de Bellas Artes bajo el nombre de “Portables”.

Gentileza Chimbalab.

-¿Qué es lo más reciente que han hecho?
-Constanza: El año pasado nos invitaron a Colombia a un festival de música electrónica donde hice un taller de reciclaje electrónico. Después fui a la zona caribeña de Colombia e hice un taller de electrónica con verduras, porque ahí no había nada, ni siquiera papas, había yuca que no sirve. Pero descubrimos que el tomate funciona. Ahí aplicamos harto el tema de la reutilización porque no había LED, por ejemplo, pero había hartas cosas que traían LED y fuimos rescatando y trabajando con eso.

Se ofrecen cursos para arreglar televisores en San Diego. Pero si lo que se busca es aplicar la electrónica a proyectos de arte, los talleres de Chimbalab son la opción.

Periódico El ciudadano
Publicado el Viernes 13 de Agosto, 2010, en la sección Artes, Cultivos Chilenos, Entrevistas

Chimbalab: Laboratorio de Arte y Tecnología

Las encargadas de este proyecto están atentas al hecho del trabajo colectivo en el arte y las formas de comunicación que solventan su trabajo. Así, sus talleres, su espacio hasta hace poco afectado por el terremoto, las charlas y los viajes que realizan, entregan un espacio que ofrece la exploración de nuevos circuitos artísticos y paradojalmente tecnológicos.

-¿Con quienes, cuándo y con qué propósito nace Chimbalab?

El Proyecto Laboratorio de Arte y Tecnología Chimbalab lo conformamos Claudia González y Constanza Piña, ambas artistas visuales y estudiantes del Magíster de Artes Mediales de la Universidad de Chile.

Chimbalab se conforma como tal en diciembre del año 2008. Nace a partir de la necesidad de espacios de trabajo, de discusión, de reflexión, de intercambio y de aprendizaje sobre conocimientos tecnológicos aplicables a la práctica artística con el objetivo de generar experiencias que no se encuentran en las instancias de formación académica.

-¿Qué relevancia cumple el Laboratorio, dentro de los circuitos de arte independientes, en cuanto a convocatorias y participación?

Uno de los objetivos que nos planteamos en todas nuestras actividades es proporcionar el espacio y las instancias para construir conocimiento en conjunto, experiencias colectivas de trabajo en taller, donde la tranferencia de información se produzca en varias direcciones y todos podamos aprender y enseñar significativamente.

También creemos que el intercambio y la producción en colaboración con otras instancias locales y sudamericanas de carácter independiente, es un factor relevante para la facilitación y construcción de nuestros propios proyectos.

De esa manera se logra convocar a un mayor número de personas interesadas en aprender o desarrollar un proyecto específico. Por eso Chimbalab también se presenta como un espacio de investigación donde quienes lo requieran pueden plantear sus necesidades como un desafío a resolver colectivamente.

-Hablemos del trabajo en específico que desarrollan en el Laboratorio Chimbalab. A qué se reúnen específicamente, de qué tratan los talleres….

Los propósitos de este proyecto de laboratorio son básicamente generar conocimientos y reflexiones grupales en torno a la relación arte y tecnología. Proponiendo talleres de electrónica aplicada a esta área. Paralelamente Chimbalab se dedica a desarrollar investigación y producción de obra.

El eje central del proyecto está determinado por el cruce e integración de dos aristas: el arte y la tecnología, considerando este último término en un sentido amplío y a la vez bastante específico: Consideramos la tecnología como una estrategia de producción, como una alternativa e inventiva de supervivencia en la cual los problemas se resuelven con recursos materiales cercanos y propios a los contextos de cada persona. De este modo, diferentes formas de construir un sistema, son significantes de una tecnología específica.

Ese es el perfil de nuestros talleres y bajo el cual proponemos la participación de la comunidad. Nos interesa que los participantes experimenten con la electrónica pudiendo aplicar en su uso un concepto de obra personal, que exploren los dispositivos y los logren personalizar de acuerdo a sus propios recursos o necesidades creativas.

En este sentido, hemos optado por investigar con low tech o baja tecnología, buscando materiales adquiribles dentro de su perímetro cercano, utilizando procedimientos derivados de la electrónica, el dibujo y el grabado, el video y la performance.

-Por otra parte,  hablemos sobre la destrucción del espacio con el pasado terremoto, y cómo podemos colaborar en su reconstrucción…

Nuestra sede física fue afectada por el terremoto por lo tanto hemos tenido que adoptar una forma de trabajo nómade, buscando espacios e instituciones que se interesen por nuestras propuestas (talleres, charlas, encuentros) y se entusiasmen en colaborar facilitando el espacio o estableciendo redes de contactos. Esa es una manera de seguir adelante con Chimbalab.

De esta manera tuvimos la oportunidad de viajar a Buenos Aires y dar tres talleres y dos charlas en diferentes espacios dedicados al arte y la tecnología (Labo, Medialab Cceba, CEIArte de la Untref). Paralelamente conformamos el primer encuentro de experimentación electrónica y cultura DIY con artistas de Argentina, Brasil y Chile.

-Próximas Convocatorias, qué es lo que se viene para julio y agosto…

Desolder and Reconstruction (primeros sábados de cada mes en Artek a partir de julio). Y la Bolsa Local en Exposición Portables, desde el 18 de agosto al 19 de septiembre en la Sala del Museo de Bellas Artes del Plaza Vespucio.

+ info: www.chimbalab.cl
http://www.chimbalab@gmail.com
www.sudamericaexperimental.com

Por Pía Sommer Catalán

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